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Quiénes eran los Reyes Magos: lo que dice el Evangelio y lo que añadió la tradición

Cada 5 de enero, millones de niños esperan a tres señores con corona, capa y camellos. Pero si abres la Biblia buscando a Melchor, Gaspar y Baltasar, no los vas a encontrar con esos nombres. La historia que conocemos es una mezcla de unos pocos versículos y de muchos siglos de arte, teatro y costumbre popular. Separar una cosa de la otra es útil para contestar a esas preguntas que llegan siempre en la cena de Reyes: «¿De verdad eran reyes?», «¿Por qué Baltasar es negro?», «¿Para qué quería un bebé incienso?».

Lo que cuenta el Evangelio de Mateo

El único relato bíblico está en el capítulo 2 del Evangelio de Mateo. Es breve y conviene leerlo con atención, porque dice menos de lo que solemos creer:

  • Unos «magos» llegan de Oriente a Jerusalén preguntando dónde ha nacido el rey de los judíos, porque han visto su estrella.
  • Herodes, inquieto, les pide que le avisen cuando lo encuentren.
  • La estrella los guía hasta una casa en Belén (no un establo), donde encuentran al niño con María.
  • Se postran, le adoran y abren sus cofres: oro, incienso y mirra.
  • Avisados en sueños, vuelven a su tierra por otro camino para no pasar por Herodes.

Eso es todo. El texto no dice cuántos eran, no los llama reyes, no da nombres, no habla de camellos ni de colores de piel.

Qué eran los «magos»

La palabra griega del Evangelio es magoi, que procede del persa antiguo. Con ella se designaba a una casta de sacerdotes de la religión de Zoroastro, en la antigua Persia, conocidos por su saber sobre los astros. Por eso tiene sentido que siguieran una estrella: eran, por así decirlo, los astrónomos y sabios de su tiempo, no magos de varita.

Sobre su procedencia exacta, el texto solo dice «de Oriente». Persia, Babilonia o Arabia son las hipótesis más repetidas, pero ninguna se puede afirmar con seguridad.

Cuántos eran: ¿siempre tres?

No. En las primeras pinturas cristianas, como las de las catacumbas romanas, aparecen a veces dos o cuatro magos. Que se fijaran en tres se debe, casi con seguridad, a los tres regalos del relato: un regalo por cabeza. Según la tradición, fue en el siglo V cuando la Iglesia de Roma asentó definitivamente el número tres.

En otras tradiciones cristianas la cuenta es distinta: en las iglesias de tradición siríaca y armenia se habló de doce magos.

Cuándo se convirtieron en reyes

La idea de que eran reyes se fue imponiendo desde el siglo III. Los autores cristianos relacionaron el episodio con dos pasajes del Antiguo Testamento: el Salmo 72, que habla de reyes de Tarsis, Arabia y Saba que traen tributos, y el capítulo 60 de Isaías, donde los pueblos acuden a la luz trayendo oro e incienso. A partir de ahí, el arte los fue vistiendo con coronas y mantos, y la imagen quedó fijada.

De dónde salen Melchor, Gaspar y Baltasar

Los nombres tardaron siglos en aparecer. Una de las representaciones más antiguas que los incluye es el mosaico de la basílica de San Apolinar el Nuevo, en Rávena (Italia), del siglo VI. Allí se ve a los tres magos con ropa persa (gorro frigio, pantalones de colores) y sus nombres escritos encima: Gaspar, Melchor y Baltasar. También aparecen en textos latinos de la época, traducidos de originales griegos.

En España, los Magos tienen además un papel en el origen del teatro: el Auto de los Reyes Magos, conservado en un códice de la catedral de Toledo y hoy en la Biblioteca Nacional, se considera la obra teatral más antigua que se conserva en castellano. Se fecha a finales del siglo XII o principios del XIII y solo nos han llegado 147 versos.

Las tres edades y los tres continentes

En la Edad Media, los tres magos se convirtieron en un símbolo de toda la humanidad. Se les asignaron las tres edades del hombre (un anciano, un hombre maduro y un joven) y, más tarde, los tres continentes entonces conocidos: Europa, Asia y África.

En la tradición española más extendida, Melchor es el anciano de barba blanca, Gaspar el de barba rubia o castaña y Baltasar el rey negro. Los textos antiguos no coinciden siempre en qué regalo llevaba cada uno ni en sus edades, así que, si en tu casa lo contáis de otra forma, no estáis «equivocados».

¿Por qué Baltasar es negro?

Es una incorporación del arte europeo. La imagen de uno de los magos como africano se fue extendiendo al final de la Edad Media y se generalizó en el Renacimiento, como forma de expresar que los tres continentes conocidos acudían a adorar al niño. Nada en el Evangelio indica el color de piel de ninguno.

Oro, incienso y mirra: qué significan

Los tres regalos eran productos valiosos en el mundo antiguo, y muy pronto se les buscó un sentido simbólico. La interpretación más antigua y conocida la recoge Orígenes, un autor del siglo III: oro como a un rey, incienso como a un Dios y mirra como a un mortal.

  • Oro: el metal de los reyes. Reconoce al niño como rey.
  • Incienso: una resina aromática que se quemaba en los templos. Lo reconoce como Dios.
  • Mirra: otra resina, amarga, que se usaba en medicina y para embalsamar. Anuncia que ese niño es humano y que morirá.

Hay estudiosos que añaden una lectura práctica: el incienso y la mirra tenían usos medicinales, así que también podían ser regalos útiles para una familia con un recién nacido.

Si en casa queréis explicárselo a un niño pequeño, funciona algo así: «Le llevaron lo más valioso que tenían: oro, que es lo que tienen los reyes; incienso, que huele muy bien y se usaba para rezar; y mirra, que era como una medicina».

Dónde dice la tradición que están sus restos

Según una tradición antigua, Santa Elena, madre del emperador Constantino, encontró los restos de los Magos y los llevó a Constantinopla, y de allí pasaron a Milán. Lo que sí está documentado es que en 1164 el arzobispo Reinaldo de Dassel trasladó esas reliquias de Milán a Colonia (Alemania), tras la conquista de la ciudad por el emperador Federico Barbarroja. Hoy se guardan en un gran relicario dorado en la catedral de Colonia, una de las más visitadas de Europa. Por supuesto, que sean realmente los restos de los Magos es una cuestión de fe, no de historia.

Del Evangelio a los regalos de los niños

La Iglesia celebra la visita de los Magos el 6 de enero, fiesta de la Epifanía. Que los Reyes traigan regalos a los niños esa noche es una costumbre mucho más reciente que el relato: en España se extendió sobre todo a partir del siglo XIX, y con ella llegaron las cabalgatas. Si te interesa cómo empezaron los desfiles, lo contamos en la historia de la cabalgata de Reyes.

La lógica, en cualquier caso, es bonita y fácil de explicar: igual que los Magos llevaron regalos al niño Jesús, vuelven cada año para dejárselos a los niños. Muchas familias lo acompañan hoy con un detalle práctico, como un saco de Reyes Magos con el nombre de cada niño, que se deja junto a los zapatos para que nadie dude de qué es de quién.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos Reyes Magos había según la Biblia?

La Biblia no lo dice. El Evangelio de Mateo habla de «magos» sin dar número. Que fueran tres se fijó después por los tres regalos, y en algunas tradiciones orientales se habló de doce.

¿Los Reyes Magos eran reyes de verdad?

El texto los llama «magos», que eran sabios o sacerdotes persas dedicados al estudio de los astros. La idea de que eran reyes se extendió desde el siglo III, al relacionarlos con pasajes del Antiguo Testamento sobre reyes que traen ofrendas.

¿Qué regalo llevó cada Rey Mago?

En la tradición española más difundida, Melchor lleva el oro, Gaspar el incienso y Baltasar la mirra. Pero las fuentes antiguas no coinciden y hay versiones que los reparten de otra manera.

¿Dónde están enterrados los Reyes Magos?

Según la tradición, sus reliquias se guardan desde 1164 en la catedral de Colonia, en Alemania, adonde llegaron desde Milán.

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Fuentes consultadas